Por Mariano Fernández Urresti
Rennes-Le-Château
Trasladémonos brevemente a otra historia aparentemente diferente en la búsqueda de las pistas del Verne iniciado después de haber establecido como punto de arranque la Masonería. Rennes-le-Château es un pequeño pueblo situado en lo alto de una colina al sur de Carcasonne. En 1885 llegó allí un nuevo cura párroco llamado François Berenger Saunier y poco después inició unas obras de restauración de la iglesia de Magdalena del pequeño pueblo.
En 1891, durante esos trabajos, se encontró una cavidad oculta bajo el altar y poco después unos misteriosos documentos dentro de un pilar visigótico provisto de un departamento oculto. El contenido de los pergaminos ha servido para todo tipo de especulaciones y la historia merece ser contada con detenimiento en otra ocasión. Ahora sólo nos sirve decir que el cura se enriqueció extraordinariamente a partir de ese momento haciendo gastos suntuosos y construyendo una singular torre que acogía su biblioteca privada, una mansión que llamó Villa Betania y una decoración singular y plena de elementos esotéricos en la iglesia.
El secreto del cura murió con él el 23 de Enero de 1917, a la edad de 65 años. Se ha especulado con la posibilidad de que descubriese el tesoro de los cátaros, que tuvieron sus enclaves precisamente en la zona. También se habló del tesoro de Salomón, incluida el Arca de la Alianza, llevado allí por los visigodos tras apoderarse de él en Roma. Y también se habló del tesoro templario y de otras muchas opciones que ahora no nos incumben. Pero lo que interesa saber es que el cura estuvo vinculado a una rama Rosa-cruz en París que le permitió descifrar los pergaminos encontrados.
Ahora bien, ¿qué tiene que ver todo esto con Verne?
La respuesta está en la obra "Clovis Dardentor". Y de nuevo tenemos que citar a Michel Lamy en este punto.Ese libro es todo un mensaje cifrado y muy especial, no en vano se lo dedicó a sus nietos, Michel, George y Jean.Es una novela aparentemente insípida, pero en ella aparece un nombre intrigante: Bugarach, un capitán de barco. Pues bien, sucede que cerca de Rennes existe un monte con el mismo nombre, y en la carretera de Rennes-les-Bains a Bugarach éste tiene cierto perfil similar a un viejo barco varado en tierra, según afirma Lamy. Es la primera nota de atención al respecto.
La segunda nota de interés nos la da el propio título del libro. El nombre de Clovis evoca el de Clovides, rey merovingio, y "dardentor" no es sino "d´ardent or" o "de ardiente oro". Con lo que nos encontramos con una alusión velada a un tesoro. Pero hay más. La novela de Verne, aparentemente, nos narra las peripecias de unos personajes que quieren hacerse con una herencia, con la herencia de Clovis; es decir, con su oro.
Los nombre de esos personajes son alusiones directas a la mitología y al esoterismo y todos los lugares que se citan existen en la realidad en la comarca de Rennes. Incluso ese viaje, que dura 14 días, permite evocar el misterioso viacrucix que mandó pintar Berenger en su iglesia, con 14 estaciones, dos de las cuales no figuran en los textos evangélicos. Y, para colmo, el viaje discurre desde Palma de Mallorca a Orán (=lugar de oro). Aparecen nombres como Ben-Arrach, que recuerda a Bugarach.
Se nos dice que allí donde Clovis no puede seguir su viaje en tren coge una "carreta de viaje", y resulta que el nombre antiguo de Rennes era "Rheda" o "la carreta de viaje" y hasta se habla de un barrio llamado Babá-Alí, que fácilmente evoca a Alí-Babá y a su cueva repleta de riquezas. Con todo lo anterior queremos decir que Verne conocía perfectamente los secretos de Rennes-le-Château. Y hemos dicho que su cura párroco estuvo vinculado a un sector rosa-cruz. Por tanto, Verne debía tener conocimientos ocultos similares a los del cura.
Los Templarios
Sigamos avanzando...
Los templarios también habían conocido los secretos de la comarca de Rennes mucho antes, lógicamente de que el cura Berenger acertase a llegar por allí. Algunos de los que consiguieron huir de la matanza de Felipe el Hermoso, rey de Francia, en 1314 dicen que fundaron la Franc-masonería.
Pues bien, Verne dirigió desde 1864 la revista "Magasin d´Education et Recreation", editada por Hetzel, junto a Jean Macé, un singular individuo del que Verne dijo a su editor: "le aprecio y le debo más que a usted (...) Es mi director espiritual". Y así comenzamos también a ver qué amistades pudieron iniciar a Verne en el secreto iniciático. Otro amigo suyo fue un tal Hignard, que le acompañó en su primer viaje a Escocia y que era masón. El diario de viaje de Verne recoge minuciosas descripciones de los templos masónicos escoceses.
En el capítulo de amistades de Verne se debe citar a George Sand, de cuya pluma nació la obra "Spiridion", que es citada por Verne en "Clovis Dardentor", o "Laura o el viaje de cristal", de donde Verne obtuvo la inspiración para su "Viaje al centro de la Tierra". En esa obra el personaje central se llama Alexis; en la de Verne, Axel. Sand escribió en cierta ocasión a Julio Verne lo siguiente: "Espero que usted nos conduzca pronto a las profundidades del mar y que haga viajar a sus personajes en esos aparatos de inmersión que su ciencia y su imaginación podrían perfeccionar". Es obvio que hizo caso y también es sintomático que muchos personajes vernianos se llamen Sand, caso de Dick Sand, protagonista de "Un capitán de quince años", o lo incluyen dentro del suyo, como "Mathias Sandorf"
Rosa-Cruz
Se puede considerar a la orden Rosa-Cruz como herederos masónicos en el esoterismo europeo. Se trató de un cofradía de sabios, alquimistas e iniciados que se manifestó fundamentalmente en el siglo XVIII, aunque en la actualidad son muchos los que dicen ser sus herederos. Se reunían en "círculos" o grupos locales, como tantos personajes de Julio Verne. No podemos olvidar que el singular Phileas Fogg es socio de un club o círculo llamado Reform Club; es decir, que sus iniciales son sospechosamente la R y la C de los Rosa-Cruces. Pero hay mucho más que eso.
Fogg es descrito por su autor como "un Byron que hubiese vivido mil años sin envejecer", y ahí empezamos a encontrar alusiones veladas a los alquimistas y a su elixir de la vida eterna. Además, Fogg parece saberlo todo. Parece haber estado en todos los lugares aunque no se dice en ninguna parte que hubiera viajado, lo que ha permitido todo tipo de especulaciones, como la vertida por Philip José Farmer, que insinúa que Phileas Fogg era un terrícola inspirado por extraterrestres y poseedor del elixir de la vida eterna.
Especulaciones al margen, lo cierto es que es muy frecuente en las obras de Verne las alusiones a personajes que no envejecen, como si fueran consagrados alquimistas. Los hermanos Sam (Samuel) y Sib (Sebastian) de "El rayo verde" parecen representar al ser andrógino alquímico: "el mayor se convirtió en el padre de la niña y el menor en su madre (...) aquellos dos seres formaban uno solo". Y en esa misma novela aparece un singular sujeto llamado Aristobulus Ursiclos a quien se describe así: "Tratábase de un personaje de 28 años de edad, que nunca había sido joven y tal vez jamás sería viejo".
Golden Dawn
En la época de Verne, la minoría más selecta del movimiento Rosa-Cruz militaba en la Golden Dawn (Alba Dorada), nacida de la Societas Rosacruciana in Aglia, fundada en Londres en 1865 por Robert Wentworth Little. Tenía 114 miembros y se dividió en círculos, algo muy verniano como ya se ha dicho. Tenía nueve grados calcados sobre la Rosa-Cruz de oro alemana del siglo XVIII, y para acceder a ella había que tener al menos el grado de Maestre de la Franc-Masonería.
Tuvo sedes en Inglaterra, Holanda, Alemania y Francia. Y estaba bajo la dirección de "Superiores Desconocidos". Estos seres son descritos por Samuel Lidell Mathers, que afirmó haberlos visto como seres no humanos que viven en este planeta. Es decir, que pudieran ser considerados como seres ajenos a esta realidad y aún incluso como extraterrestres, según quien lo mire. Esta misma fuente afirmó que para un humano era muy difícil soportar su presencia, puesto que provoca sudores, dificultad para respirar, pérdida de sangre por la nariz, boca y oídos. Entre otras cosas, se dice que estos seres dominaban un idioma denominado
"Enochiana" que proporcionaba grandes poderes a quien lo conocía.
Por ejemplo, esta frase, convenientemente pronunciada permitía hacerse invisible: "WAORSAY GOHO IAD BALT, IANSH CALZ VON PHO. SOBRA Z-OL ROR I YA NAZPS".
Los miembros de esta orden fueron notables intelectuales, como Alester Crowley, W.B. Yeats (premio Nobel) o Bram Stocker, autor de "Drácula". Por cierto, hagamos el paréntesis que nos permita decir que Verne publicó el mismo año en que apareció "Drácula", 1890, su obra "El Castillo de los Cárpatos". Y toda la novela de Verne tiene alusiones al vampirismo, que es sólo otra forma de buscar la inmortalidad
La sociedad angélica
Llegamos así a la desembocadura de este río que cogió a su paso los afluentes masónicos, rosacrucianos, alquímicos y de la Golden Dawn. El océano de ese río verniano fue la Sociedad Angélica, según Michel Lamy y otros autores. Esa Sociedad fue fundada en el siglo XVI por el impresor lionés Gryphe, cuyo verdadero nombre era Sebastian Greif. Eligió ese apodo en honor al grifo, un animal mitológico, que además era el símbolo de una sociedad secreta griega llamada "Néphès" o "Niebla". Por eso también se denomina con frecuencia a la Sociedad Angélica como "La Niebla". El libro básico de esa Sociedad fue "El sueño de Poliphile", cuyo presunto autor fue un monje dominico llamado Francisco Colonna en 1499. Y se trata de una obra cifrada que requiere para entenderla el dominio del griego, del latín, del toscano y del francés, además está llena de jeroglíficos, con lo que ya nos estamos acercando así a Verne.
Según se sabe, a esa Sociedad pertenecieron George Sand y Dumas, amigo íntimo de Verne. Y a su vez, a esa misma corriente estuvieron vinculados años antes el propio Shakespeare, Vinci, Watteau, Delacroix, Rabelais (sus obras aparecen en la biblioteca del capitán Nemo) y Poussin (íntimamente vinculado al secreto de Rennes-le-Château).
Verne dice de él: "¿Era rico? Indiscutiblemente. Pero ni los más enterados podían decir cómo había hecho su fortuna". Como se ha dicho ya, Fogg es socio de un círculo cuyo nombre incluye las iniciales R y C, y la descripción que se hace del local responde al típico enclave rosacruz: "(al penetrar en él) su sala de entrada, entarimada en marquetería, seguimos la galería circular, por encima de la cual se redondea una cúpula de vidrieras azules separadas por veinte columnas jónicas de pórfido rojo".
Por tanto, la Sociedad de la Niebla ha ido recogiendo a su paso desde el siglo XVI a diferentes artistas e intelectuales vinculados a los secretos herméticos. En el siglo XIX francés muchos de aquellos escritores tuvieron además otro punto en común: su editor fue Jules Hetzel.
Pierre-Jules Hetzel
Hetzel fue amigo, padre adoptivo y quizá iniciador de Verne. Fue el hombre que confió en aquel primer manuscrito titulado "Cinco semanas en globo", pero también el hombre que esclavizó al creador de Nemo obligándole a escribir nada menos que tres libros al año. Sólo mucho tiempo después esas condiciones se suavizaron. Pero Hetzel fue algo más para Verne.
Cuando Hetzel murió, el estilo del autor de "La esfinge de los hielos" cambió. Y, según algunos investigadores, cambió también la opinión que tenía sobre su editor, porque ni siquiera colaboró en el número especial de la revista "Magasin d´Education et Recreation" que se publicó para glosar la figura del editor fallecido.
Incluso en la obra titulada "Los quinientos millones de La Begun" Verne denomina a la ciudad en la que todos son esclavos "STAHL-STHADT", que era el mismo seudónimo con el que firmaba sus artículos Hetzel. Además, el tirano del libro se llama Herr SchuLTZE, nombre que contiene dentro de sí el de Hetzel. La muerte del editor tuvo lugar el día 17 de marzo de 1866.
Nueve días antes había ocurrido otro hecho clave en la vida del escritor: su sobrino, Gastón, disparó sobre él. Nunca quedó claro el motivo. Michel Lamy asegura que hay versiones en las que se dice que Gastón le dijo a Verne antes de disparar: "Te persiguen. Quieren acabar contigo. Hay personas que no te han perdonado nunca".
Luego señaló a unos árboles próximos y dijo. "Ahí los tienes". Y disparó. Verne reaccionó a tiempo y la bala se alojó en su pierna, dejándole cojo para siempre. Ambos hechos sumen al escritor en una profunda melancolía. Vende su yate, el "Saint-Michel III" y se entrega a una tristeza que combate escribiendo como un loco, posiblemente al dictado de la Sociedad Angélica.
La anticipación
En el periódico "The Pittsburgh" Verne declaró que sus supuestas anticipaciones o profecías literarias no eran tales. Siempre restaba importancia a este hecho. En aquella ocasión afirmó que cuando él escribía sobre el automóvil, el submarino o el dirigible "ya estaban inventados a medias" y que él se limitaba, simplemente, "a realizar una ficción de lo que debía convertirse después en un hecho...".
Sin embargo, a pesar de estas declaraciones, me van a permitir que dude de si son toda la verdad. No en vano sabemos que Verne siempre ocultó aspectos de su personalidad.
Sus propios libros son una prueba evidente de que le encantaba ocultar cosas. Sabemos que pertenecía posiblemente a una sociedad secreta de iniciados y, ¿por qué no?, de contactados con otras entidades algunas de las cuales eran denominadas como "maestros invisibles". Pues bien, ¿no podría ocurrir que a través de esas fuentes de información ajenas a la Tierra Verne pudiera haber recibido alguno de sus conocimientos? Es difícil explicar de otro modo la certera puntería del escritor nacido en Nantes para denominar "Columbiah" al cañón gigante que lanza la bala espacial en la obra "De la Tierra a la Luna".
Resulta desconcertante que acierte a anticipar el vuelo experimental de los perros en la investigación astronáutica; y que sean precisamente tres los viajeros del espacio que él se inventa, lo mismo que ocurriera un siglo después con los tripulantes del "Apollo", y que sus tres protagonistas caigan a la Tierra en un punto del Océano Pacífico casi exacto al que fue escenario del amerizaje de Amstrong, Aldrin y Collin. Pero por escoger un libro solamente de anticipación, quedémonos con el último editado hace sólo un par de años, "París en el siglo XX":
Verne sitúa la acción en el París de 1960 y "ve" así la capital francesa:
-"los ferrocarriles pasarán de las manos de los particulares a las del Estado".
-"Aunque ya nadie leía, todo el mundo sabía leer"
-"No había hijo de artesano ambicioso, de campesino desplazado, que no pretendiera un puesto en la Administración".
-"El latín y el griego no sólo eran lenguas muertas, sino enterradas".
-"¡qué posición en cambio la de los señores titulares de ciencias y cuán distinguidos eran sus emonumentos!"
-"La mayor parte de los innumerables coches que surcaban la calzada de los bulevares lo hacían sin caballos; se movían por una fuerza invisible, mediante un motor de aire dilatado por la combustión del gas".
-"...tiendas ricas como palacios donde la luz se expandía en blancas radiaciones, esas vías de comunicación amplias como plazas, esas plazas vastas como llanuras, esos hoteles inmensos..."
-"Lo importante no era alimentarse, sino ganar con qué alimentarse".
-"Serás mayor de edad a los dieciocho".
-"Se comprende que en esa época de negocios el consumo de papel aumentase en proporciones inesperadas (...); los bosques ya no servían para calefacción, sino para la impresión".
-"...ya no hay mujeres (...) se han pasado al género masculino y ya no merecen la mirada de un artista ni la atención de un amante".
-"...¡Concierto eléctrico! ¡Y qué instrumentos! (...) doscientos pianos comunicados entre sí a través de una corriente eléctrica tocaban juntos de la mano de un solo artista".
-"Ya no cortaban la cabeza a nadie. Le fulminaban con una descarga".
Ovnis
No puedo dejar de pensar en los ovnis. Ni siquiera cuando hablo de Julio Verne, al que ya hemos supuesto en contacto con "algo" o con "alguien", bien en solitario o bien como miembro de un círculo hermético. Y no puedo dejar de pensar en los ovnis porque a la hora de plantearse la posibilidad de la existencia de vida fuera de nuestro planeta el autor de "Alrededor de la Luna" nos dice precisamente en esa novela que la existencia de formas de vida extraterrestres no sólo es posible, sino que cree en ella. Incluso se atreve a afirmar que en la Luna hubo civilizaciones pretéritas, anteriores quizá a la nuestra.
Pero Verne no se contenta con eso. Solapadamente nos habla de los ovnis en el siglo XIX, de los que hay numerosos testimonios periodísticos, cuando introduce sus novelas "Robur, el conquistador" y "Dueño del Mundo" involucrando en la historia a artefactos luminosos que vuelan provocando el pánico entre la población. Todavía más lejos, este genial escritor anticipa la existencia de posibles civilizaciones ocultas bajo la tierra. Recordemos que en "Viaje al centro..." los protagonistas llegan incluso a encontrarse con un habitante de las profundidades: "En efecto, a menos de un cuarto de milla, apoyando en el tronco de un kauris enorme, había un ser humano, un Proteo de aquellas comarcas subterráneas, un nuevo hijo de Neptuno que guardaba aquel innumerable rebaño de mastodontes"
La tumba
Pero Verne iba a ser intrigante incluso después de muerto. Los Iluminados de Baviera, que marcaron la línea de actuación de la Sociedad Angélica, obligaban a sus adeptos a destruir notas, papeles, libros de cuentas...antes de morir. Verne pareció cumplir ese mandato. Todas las claves de interpretación de sus novelas fueron hechas desaparecer en 1898.
Y posiblemente entonces, siete años antes de su muerte, comienza a trabajar en colaboración con su amigo el escultor Albert Roze en el proyecto de su tumba. Roze era amigo de Verne desde hacía cuatro años y, como él, era un gran conocedor de todo lo esotérico. La tumba de Verne y el año 1898 están íntimamente relacionados, según Juan José Benítez. En su obra "Yo, Julio Verne" nos describe un verdadero y clásico "círculo verniano" alrededor de una investigación sobre esa tumba. Se parte de ese año para regresar a él de un modo realmente ingenioso, como vamos a intentar explicar.
Hemos dicho que en 1898 Verne quema sus archivos personales y comienza a trabajar en el diseño de su tumba. ¿Por qué ese año? ¿Qué pasó ese año o desde ese año hasta 1905, año de su fallecimiento? Sus biógrafos aseguran que mandó inscribir en la tumba un epitafio: "Vers l`inmortalité et l`eternelle jeunesse"
Esto lleva a Benítez a realizar diversos estudios sobre el epitafio que resultan baldíos, llegando sólo a la conclusión de que existe una evidente equivalencia entre palabras como "inmortalidad", "eternidad" o "eterna juventud". De este modo descubre que la equivalencia es una de las técnicas favoritas de Verne para ocultar sus enigmas. La verdad es que en la tumba no aparece ese epitafio por ningún lado. Las únicas inscripciones son:
JULES VERNE
Né a Nantes
Le 8 Fevrier 1828
Décedé a Amiens
Le 24 Mars 1905
El epitafio, por tanto, sólo se puso en la maqueta del monumento expuesto en 1907, pero no en la tumba. ¿Fue un error de Roze? Sin duda, no. Estaba íntimamente ligado a Verne como para errar de ese modo. Debía ser, por tanto, algo premeditado. Aplicando las equivalencias de letras y números ya vista, resulta un dígito final realizando la correspondiente reducción de todos los caracteres del epitafio que no se puso nunca: el dígito resultante es el 6. Y en la numerología el 6 representa al Hombre. Un hombre con unas características de personalidad que corresponden con las de Verne.
Causalmente, las coordenadas de Amiens son:
49º N 54´ y 2º E 18´ Si se suman los dígitos, resulta 33= 6
La fecha de la muerte de Verne fue el 24-3-1905 = 24= 6
Esta circunstancia anima a Benítez a seguir trabajando en las equivalencias y se descubren cosas sorprendentes:
JULES= 4= ALBERT
VERNE= 1= ROZE
JULES VERNE= 5= ALBERT ROZE
Un segundo paso fue dar la vuelta a la situación. Si esas palabras llevaban a los números 1, 4 y 5, ¿qué letras correspondían a éstos si hacíamos la equivalencia a la inversa?
4= D M V ¿déceder? ¿mort? ¿Verne?
1= A J S ¿Albert? ¿Jules? ¿sépulcre?
5= E N W ¿este? ¿norte? ¿oeste?
Se trataría de palabras que tendrían cierto sentido en el contexto de la tumba de Julio Verne. Incluso el este y el norte figuran en las coordenadas de Amiens. Sin embargo, quedaba por aclarar la alusión posible al oeste.
El siguiente paso fue construir frases con cierto sentido y con esas palabras:
Albert Jules sepultura fallecido muerte Verne este norte oeste
Albert Jules sepultura deciden muerte Verne este norte oeste
Albert Jules sepultura deciden mágica Verne este norte oeste
Albert jour sepultura deciden mágica veinte este norte oeste
Albert jour sepultura deciden mágica veinte étè norte oeste
El galimatías podría reducirse a una sepultura mágica, a un día mágico del verano...¿Cuál es el día mágico del verano por definición? Sin duda, el del solsticio de verano, el 21 de junio que, por cierto, es el sexto mes del año.
¿Qué ocurre en la tumba de Julio Verne ese día del año?
En el solsticio de verano el Sol, al ponerse por el Oeste, choca frontalmente con la mano del Verne de mármol, rigurosamente colocada hacia el Poniente. Esto hace que se forme una sombra que cae sobre la inscripción de la tumba tapando solamente dos de los caracteres, los años de su nacimiento y de su muerte: 1828 y 1905. Siguiendo con la reducción numerológica, ¿a qué se reducen esos dígitos? Al número 7, puesto que todos ellos suman 34. Curiosamente, el número de palabras o conceptos de la tumba es de 16, lo que también suma 7. Y la vida de Verne fue de 77 años; es decir, dos veces 7. Es evidente que algo quería indicarnos Julio Verne con el número 7, máxime cuando si le sumamos a todos los dígitos de su año de nacimiento también resulta al final el 7:
1828
7777
9605=16=7
Y si hacemos lo mismo pero sumando 7 de todos los dígitos del año de su muerte también nos resultará finalmente 7:
1905
7777
9682=25=7
El número 7 resultaba así la llave de entrada a un secreto verniano. Y era evidente que debía indicar algo que habría ocurrido en ese período. No podía ser después de 1905, puesto que Verne ya había muerto, pero sí sabemos que 7 años antes había quemado sus documentos más secretos y no sabemos la razón. El año en que todo eso ocurrió fue el 1898. De modo que por un procedimiento típico del creador de Nemo y que se esconde en su propia tumba llegamos a algo que ocurrió ese año y que es su secreto más preciado. Además, y para colmo, el solsticio de verano de ese año tuvo lugar el día 20-6-1898= 34 =7. Y además, si sumamos a todo ello la hora exacta del solsticio de aquel día, que fue las 21 horas y 42 minutos, resulta el número 16= 7.
Cada vez más casualidades numéricas. Pero, además, eso nos lleva a preguntarnos algo evidente. ¿Cómo pudo calcular todo eso Verne si no sabía la fecha de su muerte? ¿Cómo iba a saber que todas esas combinaciones iban a tener lugar y que su enigma iba a tener sentido? La respuesta sólo puede ser una: de algún modo, y quizá por esos Superiores Desconocidos con los que debió estar en contacto, Verne sabía cuándo iba a morir. Pero aún no hemos acabado.
Ese año al que nos deriva el número 7 después de restarle del año de su muerte es, como hemos dicho, el 1898. En ese año, además de la famosa quema de documentos y del comienzo del proyecto de su tumba Verne escribe un libro que resulta llamativo desde su propio título teniendo en cuenta el tema que estamos abordando. Nos referimos a "El testamento de un excéntrico", "Le testamen d`un excentrique".
En el libro vuelven a aparecer las casualidades numéricas. Tiene 381 páginas y 140.588 palabras (=26=8). Y 600.839 letras (=26=8). Y si reducimos por equivalencias numéricas el título a un solo dígito encontramos que suma también 8, siempre según los datos que proporciona Juan José Benítez. Según el periodista y escritor navarro, aplicando determinadas técnicas de escritura como la empleada por Leonardo, de derecha a izquierda y de atrás adelante, además de una serie de combinaciones numéricas descubrimos que dentro del libro hay otro oculto. Mensajes en los que Verne descubre buena parte de sus secretos, entre los cuales se cita un presunto contacto con un ser extraterrestre en su infancia. ¿Será verdad o es sólo una licencia literaria?
En cualquier caso, el resto de las equivalencias son ciertas y comprobables. Como lo es el hecho de que de las 10 letras del nombre de Jules Verne que hay en la tumba 5 aparecen con un dorado especial. Son las letras J, L, V, R y E. Si buscamos en la Cábala sus equivalencias son 10,30,6,200 y 5. La suma de todas ellas es 251; es decir, de nuevo el número 8, que representa la resurrección.
Y para más curiosidades, si uno se acerca a la tumba encuentra que ésta tiene 2,83 metros por su cara este y oeste y 3,46 metros por su cara norte y sur. Es decir, que si se suman esos dígitos de nuevo tenemos el 26; o sea, el 8, la resurrección. El secreto final se oculta en el libro citado, pero también en ese hombre de mármol rodeado de árboles plantados en 1907 (=8). Un hombre que emerge renaciendo de la tumba con la mano izquierda en la tierra y la derecha en lo alto, como el Mago del Tarot. La cabeza, semicubierta por el sudario, recordando a Lázaro o a Jesús. El rostro y la mano derecha orientados hacia el Oeste, hacia el rojo alquímico, a la perfección final.
Hay una hornacina en la que se representa una estrella de 6 puntas sobre una rama de palmera y en el frontispicio, dos lámparas de aceite, una rama de olivo y, cómo no, una cruz con una rosa en el centro, emblema de la Rosa-Cruz que también se ve en el pórtico de entrada de la iglesia de Rennes-le-Château. Todo el "Univerne" encerrado en la Rosa-Cruz llevándose al otro mundo un secreto que, quién sabe, quizá ha resucitado o encarnado en algún otro loco soñador también inspirado por los que dictaron al autor de Nemo.
En la actualidad, la casa es sede del Centro de Documentación Jules Verne, además de ser un pequeño museo sobre la vida del artista. 15 francos por persona permiten cruzar la puerta que tantas veces franqueó Verne, aunque muchas cosas hayan cambiado. Sí, quedan cosas, pero demasiado pocas.
Cementerio de la Madelaine, Amiens , 4-4-1996
Ya era curioso que la fecha de la visita sumase 6. Y no fue algo premeditado. 18 hectáreas de cuidados jardines, plenos de tilos, pinos y setos se extienden tras el enrejado de la puerta de entrada. Nos muertos de Amiens nos reciben con el silencio que se les supone y bajo el cobijo de un cielo gris pintado en un día frío. Cae la tarde cuando comenzamos a caminar por entre laberínticos senderos de tumbas. Hay muchas, demasiadas para encontrar una sola.
Entramos por el ramal de la izquierda. Error. Debimos haber ido por el de la derecha y hubiésemos visto un modesto cartel colocado en un pino que indica la dirección de la tumba de Verne. Miramos las lápidas y caen hojas que el viento, como ventrílocuo, hace hablar.
Unos cuidadores del camposanto, completamente solitario de visitantes a esa hora, nos dan la pista. Descendemos unos cincuenta metros por un estrecho camino y allí está, la creación de Albert Roze: la tumba de Julio Verne. No puedo explicar la emoción y tampoco la admiración con que primero miro, después acaricio y luego estudio el monumento. Roze hizo un sepulcro primoroso. Unas flores, cinco, cogidas al azar y puestas en la mano del hombre de mármol quieren expresar mi admiración por Verne. Una loca admiración que me hizo conducir las casi trece horas que nos separaban de un tirón.
Algunos ejemplos de anticipación
"De la Tierra a la Luna"
La cápsula espacial cae a la Tierra a sólo 4 kilómetros del lugar donde lo hizo, en pleno Pacífico, el astronauta Frank Borman, que había sido lanzado además desde el mismo punto del que partió la bala lanzada por el Columbiah de Verne. El propio astronauta manifestó que "no puede tratarse de simples coincidencias". El diseño del supertelescopio de 4,8768 metros de diámetro en las Montañas Rocosas era una locura en su momento. Años después, cerca de ese lugar, se construyó el observatorio de Monte Palomar con un telescopio de 5 metros de diámetro.
"20.000 leguas de viaje submarino"
Se empezaba a investigar en la época de Verne sobre el viaje submarino, pero era imposible imaginar la navegación subpolar (no se hizo hasta agosto de 1958; es decir, 88 años después).
"Frente a la bandera"
Se anticipa la bomba atómica.
"La caza del meteoro"
Se anticipan las ideas de Einstein: "...por mucho que se descomponga (la materia) en moléculas, átomos y partículas, siempre quedará una última fracción por la que se replanteará íntegramente el problema y su eterno recomienzo, hasta que se admita un principio primero que no será ya materia. Este primer principio inmaterial es la energía"
"Los quinientos millones de La Begún"
Anticipo del nazismo y de Hitler en el personaje del alemán Herr Schulzte.
welington dos santos vicente... — 01-12-2005 20:38:41