Por Mariano Fernández Urresti
Cuando por fin la chica me dio el carné de la Biblioteca, no me cupo ninguna duda. En él aparecía mi número de socio, el 663 (=15=6). No podía ser una casualidad. La muerte de Verne me perseguía desde hacía meses.
"Esos alquimistas, Bacon, Llull, Paracelso, eran los verdaderos, los únicos sabios de su época. Hicieron descubrimientos asombrosos".
Esa frase del profesor Lidenbrock, uno de los protagonistas de "Viaje al centro de la Tierra" nos permite conocer también a quiénes consideraba Julio Verne en verdad como dignos de admiración. Pero, ¿no hemos hablado de un autor imaginativo, sí, pero de un público infantil y juvenil? ¿No hablamos de un autor prolífico, sí, pero de obras menores? Así al menos se le consideró siempre, y quizá por ello Julio Verne siempre dijo que se consideraba "el más incomprendido de los hombres"
¿Por qué?
Toda su existencia se inscribe bajo el signo de lo desconocido, pero sobre todo sus últimos y solitarios años. Honorine, su esposa, le presentía preso de un misterio que le torturaba, pero él nunca desveló de qué se trataba.
Antes de morir, Verne ordenó quemar gran cantidad de cartas, de manuscritos y documentos personales e incluso sus libros de cuentas. Quizá allí desaparecieron las 3.000 ó 4.000 palabras cruzadas y logogrifos que escribió en 1866 y que entregó a su hijo Michel. En realidad, ¿qué sabemos de Julio Verne?
La biografía oficial
Jules Gabriel Verne Allotte nació en Nantes (Francia) el día 8 de Febrero de 1828. Físicamente se describe a sí mismo en el personaje Dimitri Nicolef de "Un drama en Livonia":
"Estatura por encima de lo normal, la barba grisácea, la fisonomía bastante dura, la frente cruzada por arrugas como surcos donde no se puede sembrar más que ideas tristes y preocupaciones punzantes, de constitución vigorosa" Moralmente nos dice que "desde hacía algún tiempo, parecía tener graves preocupaciones. Pero muy hermético, poco comunicativo, no se abría a nadie (...) Sin duda era en el trabajo, un trabajo obstinado, donde se refugiaba, sin duda con la esperanza de olvidar"
Siempre estuvo muy unido a su hermano, Paul. Mientras tanto, su relación con su padre se hacía insostenible. Era éste un hombre muy estricto, que siempre quiso que Julio fuese abogado. Además, estaba obsesionado con la puntualidad hasta extremos increíbles, lo mismo que era preocupante su obstinación por el orden. Acabaría inspirando sin saberlo a Phileas Fogg. Estudió abogacía en París y allí entró en contacto con los ambientes literarios. Cuando se enteró su padre, le retiró la asignación mensual y acabó viviendo en la completa miseria.
Sus primeras obras fueron teatrales y de muy escasa calidad, pero el Destino quiso que conociera a Alejandro Dumas y su influencia hizo posible que publicase su primera obra teatral titulada "Las pajas rotas".En esa época entró a trabajar como secretario del Teatro Lírico Nacional, lo que le permitió malvivir y dedicar horas y horas a la Biblioteca Nacional, donde acumuló miles de fichas con datos científicos que luego fueron la base de sus novelas.
Y a los 31 años conoce a un personaje que le inspira su primera novela. Ese personaje fue Nadar, un pionero del vuelo en globo. La primera novela fue "Cinco semanas en globo".
La novela es rechazada sistemáticamente por los editores hasta que llega a manos de Jules Hetzel, amigo de Nadar.
El 23 de octubre de 1862 firma un contrato leonino con Hetzel: tres libros al año. Verne iba a hacerse mínimamente rico en comparación con su editor (60 millones de francos frente a los 280 millones de Hetzel). Tenía 35 años. Verne publicó 65 novelas (66 si incluímos "París en el siglo XX"). La última que vio editar fue "Un drama en Livonia".
Tuvo sólo un hijo, Michel, con el que cometió los mismos errores que su padre había cometido con él. Sólo al final de su vida fueron amigos y colaboradores. Con Honorine, en cambio, jamás fue feliz. Se sabe que tuvo un amor oculto durante años.
En 1871, con 44 años de edad, se instala definitivamente en su casa de Amiens, donde murió a los 77 años de edad el día 24 de marzo de 1905. Sus restos reposan en el cementerio de La Madelaine, en Amiens. Fue enterrado, dicen, con los brazos a lo largo del cuerpo y no sobre el pecho porque creía que esa postura dificultaba la "salida del astral".
Se le rindieron honores militares, puesto que incluso estaba en posesión de la Legión de Honor de la República Francesa y asistieron a su funeral 5.000 personas. Pero, de todos ellos ¿quién le conoció en realidad?
Una escritura oculta
Julio Verne fue un iniciado, una persona que estaba en el conocimiento de secretos que sólo se transmiten de maestro a alumno, y además estuvo en contacto con seres que algunos podrían considerar como extraterrestres en la actualidad. Pero, ¿por qué afirmo esto? Pues por sus propias novelas, aunque parezca increíble.
Las novelas de Verne tienen una doble o incluso una triple lectura. Las claves son las combinaciones numéricas, como luego se explicará, y las asociaciones de sonidos. En cada texto hay otro oculto, e incluso jugó con su nombre a la hora de escribir diciendo: "de qué madera está hecho este muchacho que se llama Julio Verne". Porque "Verne", en céltico, significa "aliso"; es decir, "árbol". Y por esos juegos de sonidos es habitual que Verne busque los secretos frecuentemente en las "cavernes" de la Tierra.
Los juegos de palabras no son invento suyo, naturalmente. Ya eran empleados en la Edad Media en círculos de iniciados para burlar la censura de la Iglesia. Era el arte de "Trobar Clus"; es decir, descubrir o encontrar un doble sentido a textos cifrados. Por eso se llamó "trovadores" (del francés "trouver" o "encontrar") a quienes descubrían esos significados.
Verne empleó trucos para ocultar mensajes entre palabras con un sentido aparentemente normal y lógico, tan lógico que constituían sus propias novelas. Y los nombres de sus personajes, si prestamos atención, responden a esos singulares criterios. Por eso pueden aparecer palabras "jano" o con dos caras; es decir, que tienen un significado u otro según el sentido en el que se lean. O a veces se oculta la personalidad del sujeto en su propio nombre, algo que hace también la Cábala.
ARDAN = NADAR SERVADAC = CADÁVERES
Para comprender su juego es fundamental tener en cuenta estas equivalencias entre números y letras:
1 2 3 4 5 6 7 8 9
a b c d e f g h i
j k l m n o p q r
s t u v w x y z
No puede ser casual que Verne forme nombres para personajes u objetos de sus libros que tengan iguales equivalencias numéricas:
Verne=Barbicane=Maston=Nicholl=Strogoff=Phileas Fogg=Kin Fo=Joc= 1
El mensaje
Se puede decir que todas las novelas de Julio Verne tienen tres partes que al final se unen completando un círculo místico:
-preparación
-viaje iniciático al más allá (sea aire, luna, isla, volcán, océano o selva)
-retorno o renacimiento del hombre convertido en un héroe.
Pero debemos fijarnos en cómo empiezan las aventuras.
Normalmente, es un mensaje hermético el que hay que descifrar y después seguir. Ese mensaje es la clave de la novela, porque sus libros no son comunes, sino criptogramas gigantescos que hay que descifrar. Busquemos algunos ejemplos siguiendo a Michel Lamy ("Verne, iniciado e iniciador")
Ejemplos:
"Viaje al centro de la Tierra"
Los personajes se enfrentan a un texto iniciático obra de un islandés del siglo XII llamado Snorre Turleson. Ese libro, nos dice Verne, está escrito en caracteres rúnicos y aparece en la tienda de un judío (alusión velada a la Cábala) llamado Hevelius.
En el libro se cita a un alquimista del siglo XVI, Arne Saknussenn, quien dice haber ido al centro de la Tierra y haber descubierto allí una civilización que nos permite soñar con la mítica Sambalah.
Pero no contento con eso, Verne complica todo un poco más al traducir los caracteres rúnicos al latín. Y empieza la simbología.
Toma como eje de la novela a Axel (=eje), que sufre una tras otras pruebas que podemos considerar fácilmente como iniciáticas y que se advierten en palabras sueltas en el texto misterioso escritas en latín, inglés, hebreo y francés:
Hielo, señor, cólera, cruel, bosque, mar, arce, madre.
Son, como digo, las únicas palabras claramente visibles en el texto mágico y a la vez resulta que son las claves del propio viaje, porque Axel parte de un país de hielo (Islandia), con un señor (su tío Lidenbrock), que es hombre colérico y a veces cruel. Descubre un mar interior y un bosque sagrado y regresará a la madre Tierra.
Es decir, mediante un juego hermético se resume toda la novela.
Pero es que además no puede ser casual que el maestro de Axel sea Lidenbrock, palabra procedente del alemán: "lid" o "párpado" y "brocker", que significa romper; de modo que es el que rompe o abre los párpados; el que abre los ojos, el maestro.
Y tampoco puede ser casual, como dice Daniel Compère en "Viaje imaginario de Julio Verne" que el descubrimiento de la entrada del cráter al centro del planeta se haga en el momento sagrado del solsticio de verano, algo que después se verá que tiene relación con la propia tumba de Verne.
"Los hijos del capitán Grant"
En este caso, el mensaje críptico es triple, puesto que el texto a descifrar aparece en tres idiomas diferentes y con el agravante de que, al haber sido introducido por un náufrago en el interior de una botella y lanzado al mar, el agua ha borrado diversas partes, lo que hace de su interpretación un puzzle que llevará a los protagonistas de un lado al otro del mundo. Y en ese viaje lo único que no variará será el paralelo terrestre en el que se produjo el naufragio del capitán Grant, autor del mensaje. Pero debe quedar claro que éstos son sólo dos ejemplos de los muchos posibles, puesto que mensajes de esa índole encontramos en novelas como "La Jangada", "Matías Sandorf" y tantas otras.
Euroboros
La serpiente que se muerde la cola es uno de los símbolos alquimistas por excelencia, y Verne la describe simbólicamente en todas sus novelas, como ya hemos dicho, puesto que del mensaje se pasa al viaje y éste devuelve al personaje al principio pero transformado en héroe. No debe extrañar por ello que el círculo esté siempre presente en Verne, tal y como nos dicen Lamy, : la vuelta al mundo, el globo, la Tierra, la Luna...
Por otro lado, sus novelas son geográficas. El protagonista describe una y otra vez círculos: desde su casa a la búsqueda de un hipotético grial atravesando paisajes y regiones perfectamente reconocibles por el entendido en geografía y otras veces aparentemente soñadas por Verne.
Pero el viaje en realidad no es el objetivo. Parece más bien un pretexto para que el personaje rompa con su vida cotidiana. Por eso no puede extrañar que Verne diga de Phileas Fogg: "No viajaba, describía una circunferencia". Y tampoco es casual que su aventura parta del "Reform Club", que es un "círculo de juegos".
En tercer lugar, hablando del círculo, hay que citar otra de las grandes obsesiones de Verne, que es la isla.
Michel Lamy, en la obra ante citada, dice que , en el fondo, cercar un lugar es dominarlo. No es sino rodearlo, describir un círculo o una elipse. Y nada mejor para dominar y cercar que un terreno no muy grande, como suele ser el de una isla. Por eso Verne nos presenta islas de todo tipo: misteriosas, flotantes, sumergidas... Decíamos también que son sus novelas geográficas, y tan es así que se recrea a la hora de dar pistas en formas de paralelos y meridianos, e incluso se inventa toda una novela con un pretexto bien estúpido en principio como es la medida de un eje de meridiano en "Aventura de tres rusos y tres ingleses en el África austral". (Hay que recordar que en aquella época el meridiano cero no era Greenwich, sino París).
El juego
Otra de las grandes obsesiones de Verne era el juego. Y las pistas que ofrece en sus obras forman parte de ese juego, del mismo modo que sus personajes son grandes jugadores. No se puede olvidar que Ardan es un aventurero; que Impey Barbicane apuesta contra el capitán Nicholl; que Lidenbrock sigue el camino para ir al centro de la Tierra echando a suerte qué sendero elegir, etc. Pero, sin duda, el gran jugador es Phileas Fogg.
La apuesta de dar la vuelta al mundo en ochenta días tiene lugar durante una partida de whist en un círculo de juego o casino. Y el apostador es temerario: se juega todo lo que posee.No se puede olvidar que el iniciado no tiene apego a nada. El adepto ha de arriesgarse a perder todo, hasta su identidad, en el proceso de iniciación. Otro buen ejemplo de lo que decimos es la obra "Un billete de lotería", pero el mejor de todos es un libro singularísimo y sobre el que volveremos más tarde. Nos referimos a "El testamento de un excéntrico".
He aquí a un personaje singular: W.S. Hypperbone (las letras de su nombre suman 7 y el sonido recuerda sospechosamente a Hiperbórea). Este hombre es miembro de un no menos extraño círculo, el Club de los Excéntricos. Este enigmático individuo decide por testamento legar toda su fortuna a aquel de los 6 habitantes de Chicago que, elegidos previamente al azar, gane una partida al juego de la oca, un juego hermético por excelencia y nada infantil.
Pero no es un juego de la oca cualquiera. Lo mismo que existe un juego de la oca en lugares sagrados en Francia y en el Camino de Santiago, Verne crea uno gigantesco en Estados Unidos. Cada estado es una casilla del juego, salvo Illinois, que aparece 14 veces porque representa a la oca.
¿Por qué Illinois? Para entenderlo hay que entender los juegos de Verne y sus criptogramas. Veamos. En la palabra Illinois encontramos la suma de "Ilion" y "lis"; del "lis" (real) de Ilión (Troya), de donde se dice que pudo llegar el juego de la oca a Occidente procedente de Egipto. Por tanto, ya hay una referencia velada al juego de la oca. Pero es que además, en francés, la palabra oca se dice "oie", que pronunciado suena como termina en francés Illinois. Tampoco es casual que la casilla 58, la muerte, sea el estado de California, porque es el más occidental de todos ellos, es el Finisterre yanqui. Donde muere el Sol.
Lo sorprendente de la historia es que, al final, los 6 jugadores son batidos por un séptimo y misterioso contrincante llamado "XKZ" (6,2,8 = 16 = 7). Y 7, precisamente, es el dígito a que se reduce el nombre de Hipperbone. Se descubre después que ese misterioso jugador es en realidad el propio Hipperbone, que como buen iniciado, muere simbólicamente y resucita. Por cierto, en ese libro el protagonista se hace enterrar aparentemente en un cementerio llamado Oakswood (bosque de robles, de nuevo otra significación sagrada). Y luego resulta que la tumba está vacía. ¿Haría algo así Verne? Pero aún no es el momento de hablar de la tumba.
Verne, un iniciado
Hablemos del Verne iniciado y busquemos de nuevo las pistas en sus libros. Por ejemplo, en las ilustraciones de los mismos, que no fueron hechas nunca por ilustradores habituales de la editorial de Hetzel, Garvani y Doré, sino otros a los que el creador de Phileas Fogg obligaba a dibujar exactamente lo que él quería, según Michel Lamy, como si el propio dibujo contuviera algún mensaje importante, como si fueran recomendaciones muy exactas de alguna organización a la que Verne pudiera estar vinculado. ¿Sería así? Busquemos las pistas.
La Masoneria
Debemos situar a Verne quizá en una rama de la Masonería.
En "Los hijos..." cita a las logias masónicas. En "Robur..." se cita un templo masónico. Hay varias alusiones similares en "Los quinientos millones de La Begún". Un personaje de "El Castillo de los Cárpatos", dice Lamy, invoca a Dios apretando contra el corazón sus herramientas de trabajo: la escuadra, el compás y la plomada, que son emblemas masónicos.
En "La Franc-Masonería Templaria y Ocultista" Le Forestier habla de los grados de venganza masónicos y nos dice: "El candidato se presentaba ante el venerable con unos guantes maculados en rojo y declarando que la sangre que manchaba sus manos era la del oso, del tigre o del león...", y añade que la muerte que aguardaba al traidor se veía precedida "de que sus ojos hubieran sido privados de la luz por el hierro al rojo". Pues bien, ¿recuerdan a Miguel Strogoff? Este héroe lucha contra un oso, de modo que tiene las manos manchadas con su sangre después de matarle, y viola el juramento que había hecho al zar para salvar a su madre. Se le condena por Ivan Ogareff a la ceguera por un hierro al rojo vivo. ¿Pura casualidad? Demos un paso más.