Akhenatón El Dios del Sol
Archivado en
Egiptología • Fecha: 08-04-2005 00:22:46
Akhenatón y su esposa Nefertiti pasaron a ser los monarcas más conocidos de la era faraónica. Su tarea reformista, no solo en el ámbito artístico sino también en el terreno religioso, ha dejado una huella si más no curiosa, dada en un corto pero intenso período de tiempo.

Una nueva etapa, tanto artística como religiosa, se abrió con la llegada al trono de este personaje. Amenofis IV, más conocido con el nombre de Akhenatón, segundo hijo de Amenofis III, de la XVIII dinastía, fue considerado el primer renovador religioso que impuso una doctrina monoteísta.
Es probable que su padre pensara en su hija Satamón como posible sucesora. Así lo demuestra no sólo el mayor protagonismo que ésta cobra ante su hermano, sino también por la posesión del título de "Esposa Real" que recibía toda heredera. Pese a esto, Satamón, después de la muerte de su padre, desapareció de las escrituras y su hermano accedió al trono.
Una vez en el trono. Amenofis IV emprendió una tarea reformista que no iría más allá de la vida del rey. El hecho más importante fue la sustitución del culto a las divinidades egipcias por una única divinidad: Atón. Impuso el culto a una doctrina monoteísta anulando toda la antigua concepción politeísta egipcia, la cual había puesto las bases de esta antigua civilización.
Atón sería el único dios y se le dedicarían todas las construcciones. En consecuencia sustituyó el culto divino de los templos por el de Atón y borró los nombres y representaciones de las divinidades anteriores. La radicalización de Amenofis IV llegó con el V año de su reinado, fue en ese momento cuando abandonó la legendaria capital de Tebas. Amenofis IV y su corte iniciaron la construcción de una sede llamada Akhetatón (horizonte de Atón) a 225 km al norte de Tebas y actualmente conocida por Tell el Amarna.
Ésta fue hecha realidad en sólo dos años y abandonada a la muerte del faraón, momento en que se restablecieron las creencias y las formas tradicionales que este revolucionario personaje consiguió borrar en vida pero no en muerte. La anarquía de este faraón llegó a tal punto que su nombre lo sustituyó por otro, y así Amenofis IV se hizo nombrar Akhenatón (útil a Atón).
El reflejo artístico
Una vez en el trono. Amenofis IV emprendió una tarea reformista que no iría más allá de la vida del rey. El hecho más importante fue la sustitución del culto a las divinidades egipcias por una única divinidad: Atón. Impuso el culto a una doctrina monoteísta anulando toda la antigua concepción politeísta egipcia, la cual había puesto las bases de esta antigua civilización.
Atón sería el único dios y se le dedicarían todas las construcciones. En consecuencia sustituyó el culto divino de los templos por el de Atón y borró los nombres y representaciones de las divinidades anteriores. La radicalización de Amenofis IV llegó con el V año de su reinado, fue en ese momento cuando abandonó la legendaria capital de Tebas. Amenofis IV y su corte iniciaron la construcción de una sede llamada Akhetatón (horizonte de Atón) a 225 km al norte de Tebas y actualmente conocida por Tell el Amarna.
Ésta fue hecha realidad en sólo dos años y abandonada a la muerte del faraón, momento en que se restablecieron las creencias y las formas tradicionales que este revolucionario personaje consiguió borrar en vida pero no en muerte. La anarquía de este faraón llegó a tal punto que su nombre lo sustituyó por otro, y así Amenofis IV se hizo nombrar Akhenatón (útil a Atón).
Pero sin duda, la gran reforma amarniana se vio reflejada en el terreno artístico, sobre todo en las muestras de pintura y relieve. Todas las antiguas normas y los cánones de representación y construcción fueron modificados.
De la oscuridad y frialdad que poseían las salas de los templos, se pasó a amplios espacios abiertos y luminosos: la rigidez de las formas y las marcadas proporciones dieron paso a escenas tiernas y familiares con un marcado acento "realista".
Todo ello obedeciendo a un único motivo: la búsqueda de la verdad. Representando la vida tal y como era, se conseguía marcar la, parte humana del faraón.
Este se aproximaba más a un ser humano, a un padre de familia y no al concepto de divinidad. La idealización faraónica se verá fuertemente atacada por un naturalismo creciente. Hasta la manera de representar a la divinidad varía: Atón se muestra simplemente como un disco solar con muchos rayos acabados en pequeñas manos humanas.
La búsqueda de lo eterno ya no recibe el interés que antes tenía; podría decirse que muere la idea de Osiris y su reino. Según Akhenatón no se podía buscar la eternidad en las cosas materiales, y por este motivo las construcciones eran rápidas y principalmente de adobe. El objetivo más importante en la construcción de los templos sería la luz. Las partes más privadas ya no quedaban en la oscuridad, la luz solar era parte esencial y en consecuencia los altares y las salas debían ser iluminados por ella. Se observa aquí la principal diferencia entre las anteriores edificaciones y las nuevas, donde la luz iba en progresivo aumento a medida que se entraba en el interior del recinto.
Hacia una nueva visión de los templos
Escasos y mal conservados son los restos de los templos amarnianos. A la muerte de Akhenatón, sus sucesores se esforzaron en recuperarla tradición, viéndose destruidos la mayoría de los templos de Atón. Sus partes fueron reutilizadas para nuevas construcciones, llegando a la actualidad los escasos cimientos que los formaban. Pese a ello, a través de relieves y pinturas, puede realizarse una reconstrucción imaginaria de lo que tiempo atrás formaba el alzado de estas construcciones.
Karnak, sin duda, fue un lugar de intervención. Akhenatón dispuso al este del muro exterior del recinto su propio templo dedicado a Atón y llamado Gem‑Pa‑Atón. Éste estaba formado por patios descubiertos, tomando la idea de los templos solares de la V dinastía. La construcción estaba formada por pequeños bloques de caliza, conocidos como "talatatos". Esta técnica de construcción, basada en bloques de pequeño formato a modo de ladrillos, es típica de esta época amarniana. En Tell el Amarna, Akhenatón dispuso un témenos o terreno dedicado a la divinidad llamado Per-Atón (casa de Atón), situado en el centro de la ciudad. En este lugar se orientó hacia el oeste un templo, construido a cielo abierto, de 210 m de largo y sólo 32 de ancho, formado por una sucesión de seis patios abiertos con un doble pilón de entrada. A 300 m más atrás de este gran templo, en el interior del recinto y también orientado hacia el oeste, se erigió otro templo de dimensiones más reducidas. Éste se caracterizó por la presencia de colosos "osiríacos" del rey en la sala hipóstila, a continuación de ésta se abría un patio con un altar en el centro y rodeado de capillas. A la muerte del monarca, la ciudad se abandonó para siempre y los templos se destruyeron y fueron reutilizados por los reyes de las siguientes dinastías.
Escrito por
JuanMa
(0)
Comentarios •
(0)
Referencias •
Permalink
Comentarios
Comentar