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Los Asesinatos del Cortijo los Galindos (Parte II)

Archivado en El Crimen Perfecto • Fecha: 04-03-2005 02:57:50

El crimen de Los Galindos dio un giro de 180 grados cuando el 25 de julio, exactamente tres días después de la tragedia, apareció el cuerpo de Manuel Zapata Villanueva en avanzado estado de descomposición. Todas las esperanzas de ver concluido el misterioso caso con el capataz como asesino, se desvanecieron.

Manuel, ex legionario y ex guardia civil, fue encontrado, como su mujer Juana Martín, con el cráneo destrozado. Se supo más tarde que el contundente objeto con el que Manuel fue golpeado hasta la muerte era una biela que, curiosamente, había aparecido junto al cuerpo de su esposa. Hechas las pertinentes investigaciones forenses en el arma homicida que contenía manchas de sangre, se demostró de modo irrefutable que pertenecían a Manuel, el capataz, lo que demostró que le habían dado muerte con la susodicha biela. ¿Por qué razón se transportó el arma homicida? ¿Quién llevó la biela junto al cadáver de Juana, que apareció en la habitación de matrimonio de su vivienda? ¿Con qué fin?

Pero aún había más misterios que comenzaban a alcanzar unas proporciones desorbitadas. El cuerpo del capataz había aparecido bajo unas balas de paja...¡a escasos metros de la puerta del cortijo! Un lugar que había sido rastreado en innumerables ocasiones incluso por su propio perro... Todo, todo, era muy extraño. Y a cada paso de la investigación se rizaba más el rizo. Así sucedió cuando los forenses que participaban en el caso aseguraron que Manuel Zapata había sido el primero en morir, pese a haber sido el último cadáver en aparecer. Por tanto, el, o los, asesinos le habían transportado al lugar donde finalmente fue encontrado, a ocho metros escasos del muro del cortijo.

Dadas las proporciones del crimen, se añadieron a la investigación nuevos funcionarios de la Justicia y de la Policía. Así, se creó un numeroso grupo del que formaban parte, entre otros, el juez de paz de Paradas, don Antonio Jiménez, el juez de instrucción de Marchena, don José Calderón y el teniente coronel Cuadri, de la Guardia Civil. Un mes después se incorporaron miembros de las Brigadas de Investigación Criminal de Sevilla y de Madrid. Pero ¿por qué tardaron tanto tiempo en hacerse cargo del caso dichas Brigadas?

En resumen, cinco personas habían sido salvajemente asesinadas en el cortijo Los Galindos, término de Paradas (Sevilla), propiedad del marqués de Grañina, de nombre Gonzalo Fernández de Córdoba y Topete, descendiente del Gran Capitán.

El hallazgo de los cadáveres tuvo el siguiente orden:

1. Juana Martín Macías, esposa del capataz del cortijo Los Galindos. Su cuerpo fue hallado sin vida en el dormitorio de su vivienda, aneja al cobertizo y situada dentro de la finca, con el cráneo destrozado.
2. Asunción Peralta Montero, esposa del tractorista de Los Galindos, hallada en el cobertizo carbonizada y sin cabeza.
3. José González Jiménez, tractorista, encontrado junto a su esposa en el cobertizo en las mismas circunstancias.
4.Ramón Parrilla, bracero del cortijo, cosido a balazos.
5.Manuel Zapata Villanueva, ex legionario y ex guardia civil, capataz del cortijo y hombre de confianza del marqués de Grañina, cuyo cadáver fue el último en aparecer aunque resultó el primero en morir.

Con esos datos y circunstancias, la investigación concluyó:

1 - Que el orden de hallazgo de los cadáveres no tenía nada que ver con el orden en que fueron asesinados.
2 - Que ninguna de las cinco víctimas pudo asesinar a los demás, descartándose el suicidio del último de los supervivientes.
3 - Que si el tractorista José González llevó a su esposa Asunción Peralta al cortijo fue por una razón de fuerza mayor.
4 - Que el crimen pasional estaba descartado, pese a los celos del tractorista y el posible adulterio entre Manuel Zapata, el capataz, y Asunción, esposa de aquél.

Pasaban los días y el misterioso crimen del cortijo Los Galindos no se resolvía, ni tenía trazas. La finca había sido rastreada palmo a palmo y no se encontró nada que aportara luz al brutal asesinato de cinco personas.

¿Quién o quiénes habían cometido los horribles crímenes? ¿Cuál era, pues, el móvil?

El pueblo de Paradas apuntaba a múltiples razones. Pero casi todos los rumores, la mayoría de las habladurías, confluían en el mismísimo marqués de Grañina, con antecedentes penales, una buena pieza al decir de muchos vecinos. A él, sotto voce, se le relacionaba con el quíntuple asesinato, supuestamente como inductor.

Pasaban los días y el misterioso crimen del cortijo Los Galindos no se resolvía, ni tenía trazas. La finca había sido rastreada palmo a palmo y no se encontró nada que aportara luz al brutal asesinato de cinco personas.

El cortijo era magnífico. Tenía cuatrocientas hectáreas de superficie cultivable, un gran caserío de dos cuerpos con vivienda para los propietarios, un enorme patio rectangular, cuadras, garajes, báscula para vehículos pesados, muelle de carga y descarga, un taller de reparaciones de todo tipo de vehículos, un tanque subterráneo de gasoil, y todo lo relacionado con vehículos agrícolas y aparatos necesarios para mecanizar el ciclo completo de las labores del campo. La propiedad poseía olivares, plantaciones de algodón egipcio y de remolacha azucarera.

Los Galindos había pertenecido a varias familias desde que se desamortizó a la Iglesia hasta que en 1950 la adquirió Francisco Delgado Durán, de veinte años, testaferro de sus padres, Manuel Delgado Jiménez y María Durán Lázaro, vecinos de Madrid.

Dicho joven murió en Lisboa el 19 de febrero de 1969 y los padres cedieron la finca a su hija, casada con el marqués de Grañina, Gonzalo Fernández de Córdoba y Topete. El marqués, por lo tanto había accedido a la hacienda Los Galindos por vía del matrimonio. Mucho título y poca plata.

Manuel Zapata, uno de los asesinados, era el capataz y empleado de confianza del marqués, de quien corrían multitud de habladurías. Tenía Manuel 59 años cuando le sorprendió la muerte. Era natural de Badajoz y su fama de hombre duro y dictatorial era conocida en los alrededores. Ya se ha dicho que fue ex guardia civil, de los de aquella época, y ex legionario.

Juana Martín, su esposa, era de Gibraleón, Huelva, y tanto sus padres como sus abuelos habían servido a los marqueses.

Por mediación de Manuel Zapata, el marqués había dotado con una buena cantidad de dinero al matrimonio formado por José Jiménez, de 27 años, y Asunción Peralta, de 34, que se había celebrado siete meses antes de la terrible matanza. Ellos fueron quienes el mismo día del crimen viajaron en el Seal 600 en cuyo interior apareció un zapato de mujer, además de una escopeta partida en dos.

Y ellos también aparecieron muertos. El tiempo transcurría y las respuestas al múltiple crimen permanecían ocultas...

Las semanas y los meses transcurrieron y el quíntuple asesinato no tenía culpables. Muchas preguntas quedaron sin respuesta:

- ¿Por qué no se encontró el cadáver del capataz hasta 48 horas después del comienzo de su búsqueda, si estaba tan cerca?
- ¿Cómo pudo pasar al lado su propio perro sin descubrirlo?
- ¿Por qué José González fue precisamente ese día, 22 de julio de 1975, a recoger a su mujer para llevarla a Los Galindos, lugar que no había pisado en siete meses, los mismos que llevaba casada?
- ¿Por qué tardo un mes en hacerse cargo del caso la Brigada de Investigación Criminal de Sevilla?
- ¿Quién y por qué mató a esas cinco personas...?

En 1978, tres años después de las muertes, siendo desconocidos aún el o los asesinos, el escritor Alfonso Grosso publicó Los invitados, historia novelada del misterio de Los Galindos llevada al cine, en el que apuntaba un móvil que nunca se ha podido demostrar pero que resultaba verosímil.

Grosso mantenía en su libro que los crímenes se llevaron a cabo por venganza de un grupo mafioso dedicado al tráfico de marihuana, una de cuyas plantaciones clandestinas se encontraba en el cortijo de Los Galindos.

Al parecer, un destacamento de la Legión estuvo en Paradas unos meses antes de los asesinatos y un miembro de esa unidad militar, vinculado a la organización criminal, la traicionó y no pudo llevarse a cabo una operación de tráfico de droga a gran escala.

Individuos llegados desde Tánger en un Mercedes habrían sido los sicarios que asesinaron a quienes habían cultivado la marihuana o estaban al tanto de la operación, por diversos motivos.

Lo cierto es que la Guardia Civil peinó la zona con rastreos a caballo y recorrió las tierras donde presumiblemente podría haber estado la plantación. Pero no se encontró nada parecido a la marihuana ni a cualquier otra variedad de cáñamo índico de propiedades estupefacientes.
A día de hoy, todo se desconoce sobre los asesinos de las cinco personas vinculadas al cortijo Los Galindos.
Incluso ahora, con tanto tiempo de por medio, cuando vas a Paradas y preguntas por el cortijo, o por sus dueños, o por sus jornaleros, la gente agacha la cabeza y guarda silencio... El crimen sigue impune.

Escrito por JuanMa
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